STEFANO BOLLANI Piano Solo
21 de NOVIEMBRE Teatro Solís

El pianista italiano Stefano Bollani pertenece a esa generación de jóvenes músicos europeos que se siente igualmente identificado con el jazz americano, la música europea y las tradiciones populares, dejando su impronta personal en todo aquello que interpreta. En lugar de apelar a virtuosos efectos, Bollani aplica una pulida técnica sin dejar a un lado su versatilidad y buen sentido del humor. En sus composiciones logra un confortable equilibrio entre melodías claramente delineadas y estructuras abiertas, lo que hace de este pianista un músico imprescindible para el jazz contemporáneo.

En su primer visita a Montevideo tocó en dúo con quien todavía hoy considera su mentor: el trompetista Enrico Rava. Con él había grabado para el sello ECM el disco Easy Living (2003), como parte de su quinteto y, en 2004, en un notable disco en trío, junto al baterista Paul Motian, bautizado Tati. Y registraría, en el mismo año de su actuación montevideana, otro álbum a dúo pero llamado The Third Man. En 2007 Bollani regresó a Montevideo, a solas. Ahora, en este 2015, le toca el turno de volver para actuar en el marco del VIII Festival de Jazz de Montevideo, este músico que se considera más “un improvisador” que “un músico de jazz” volverá a actuar como solista.

Para hacernos una idea de lo que podría llegar a tocar esa noche bastaría con leer lo que cuenta acerca de la grabación de Piano solo (publicado también en ECM): “La idea original era hacer un disco alrededor de Prokofiev. En muchas ocasiones tomo piezas clásicas y las tomo como si no lo fueran, como materiales para la improvisación. Me entusiasmaba improvisar sobre Prokofiev, o eso creía, pero lo que me salía no me interesaba en absoluto. Estuve un rato largo en el estudio de grabación sin lograr nada que me gustara hasta que me vino a la cabeza “Don’t Talk”, una canción de los Beach Boys, que me cambió totalmente el ángulo de lo que estaba haciendo. Finalmente, en el disco hubo algo de Prokofiev y también un tango, “A media luz”, entre otras cosas; pero lo que había planificado de una manera acabó siendo muy diferente a como lo había previsto”.

Con respecto a este tipo de conciertos, Bollani ha dicho que no prepara una lista, simplemente empieza a tocar. Trata de captar sus sensaciones, las del piano y las de la audiencia. En especial porque cada piano es tan diferente que no entiende cómo un interprete de música clásica puede tocar cada día el mismo preludio de Chopin: tiene el sonido en su cabeza, pero cada noche el sonido del piano es diferente. Lo que le gusta de la música improvisada es que no tienes que forzar el piano para sonar siempre igual, tienes que llegar a un pacto con él para ver que se puede sacar. Bollani tiene una discografía profusa. Sólo en ECM se agregan, a los ya nombrados, un disco más con Rava (New York Days, de 2008, con un quinteto que completan Mark Turner, Larry Grenadier y Paul Motian); Stone in the Water (grabado ese mismo año en trío con Jesper Bodilsen en contrabajo y Morten Lund en batería); Orvieto, registrado en vivo a dúo con Chick Corea, en el festival de esa ciudad, en diciembre de 2010 y enero de 2012) y O que será, un luminoso recorrido por algunas piezas maestras del repertorio de la canción brasileña –y por alguna otra cosa, como el “Oblivion” que Piazzolla escribió para un film de Marco Bellocchio– junto a Hamilton de Holanda en bandolim. Pero un panorama representativo de este pianista casi inclasificable no debería excluir alguno de sus discos para el sello francés Label Bleu –como el formidable I Visionari, de 2006, en quinteto con Mirko Guerrini en saxos y flauta, Nico Gori en clarinetes, Federico Spinetti en contrabajo y Cristiano Calcagnile en batería con el agregado de la voz de Petra Magoni y la suya propia– o su versión de Rhapsody in Blue y elConcierto en Fa, de George Gershwin, registrada para Decca junto a la Orquesta de la Gewandhaus dirigida por Riccardo Chailly.

Lo sucedido en Orvieto, en todo caso, no es un hecho menor si se piensa que Bollani es el único pianista, aparte de Herbie Hancock, con quien Chick Corea actuó y grabó a dúo. La idea fue del director del Festival de Jazz de Umbria, Carlo Pagnotta, y, según cuenta Bollani, “mi agente llamó a Chick y él dijo ‘sí’”. “Fue maravilloso tocar con él”, afirma. “Era un fan de Chick Corea desde niño, desde que empecé a escuchar pianistas de jazz a los 11 años. Y así y todo jamás hubiera imaginado el grado de pasión que él pone en la música. Empezamos conversando por correo electrónico, y él siempre hablaba de lo que estaba estudiando en ese momento y de los ejercicios que hacía en el instrumento. Era un pianista de 70 años, hablando de estudiar y practicar. Inmediatamente pensé que me gustaría llegar a esa edad y ser como él, todavía apasionado y todavía un estudiante.”

Nacido en Milan el 5 de diceimbre de 1973, Stefano Bollani tiene entre sus fuentes al jazz. Pero su manera de abordarlo –o de trabajar técnicamente con su instrumento– no es exactamente jazzística. Sus improvisaciones, que obviamente releen a Art Tatum y a Bill Evans –y a Chick Corea, claro–, entre muchos otros, lo hacen desde un universo más cercano al de los estudios para piano del compositor György Ligeti (que, a su manera, también releen a Tatum) que a la propia tradición del jazz. Tampoco sus materiales provienen de un solo lugar. Tango, canción brasileña, un movimiento de un concierto de Prokofiev, Michael Jackson, Frank Zappa o una canción napolitana pueden ser igualmente válidos como puntos de partida. “El tango y las canciones de los años ’30 son la música del último período en que el gusto popular iba a la par del de la crítica”, reflexiona. “Después tomaron rumbos opuestos. Y en el medio inventamos el rock, como para complicarlo todo aún más. A mí me gusta considerarme, por una parte, un divulgador, simplemente. Alguien que hace conocer algunas músicas. Y, por otra parte, me interesa tomar una música con una visión de 360 grados, aunque haya gente a la que esto no le venga bien. Leonard Bernstein, casi al final de su carrera, escribió una misa con instrumentación de rock. Y antes, comedias musicales. Y nadie se atrevería a decir que no fue un gran músico. El jazz, para mí, fue el conocimiento de la libertad. Si ahora, en nombre del jazz, se defendiera la falta de libertad, significaría sencillamente la muerte del jazz”.



 

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